DECLARACIÓN DE INTENCIONES:
Esta es la galería de un aprendiz de fotógrafo, ratón de biblioteca, curioso gato y gramatico pardo que juega a enfrentar -divertido- dos de sus más confesables emociones.

Y yo sonrío, extraño adolescente
de ojos cansados y cabeza cana,
yo, que aún puedo asomarme a la ventana,
y ver la luna que no ve la gente...

(José Ángel Buesa)

martes, 19 de noviembre de 2013

la vida en la mochila

la vida en la mochila

Se vino a mi memoria un poema, que dice:

Tengo todo en ella cuanto necesito,
Mi chalina a cuadros,
mis libros con las páginas amarillentas,
un sucio cuaderno donde volar.

Mi arrugado atado de cigarrillos,
el perfume impregnado,
de todos los lugares que he visitado;
y tu corazón latiendo en el bolsillo donde guardo el mío.


… donde guardo el mío.

Foto: Viajero en el paseo marítimo de Estepona, Málaga.
Texto: Ezequiel Pallarés, la vida en la mochila.

viernes, 8 de noviembre de 2013

torres, princesas y trenzas

torre de la sal

A veces pienso en ti. Demasiadas veces.
Y te recuerdo en tu alta torre. Pienso si seguirás allí. Recuerdo como daba voces al pie de tu ventana y como asomabas y me mirabas.
Deseaba que lanzaras tus trenzas para escalar y llegar a tí. Pero la que llevaba trenzas era yo; y estaba abajo.
Frecuentemente ocurre eso, las cosas están bien colocadas en los cuentos y justo al revés en la vida real.
Yo subía a un árbol y me sentaba incómodamente allí y tú asomabas y charlábamos. Nunca contabas la historia que más me interesaba; el por qué estabas encerrado allí en lo alto, quién te había encerrado y por qué no podías salir. Yo no preguntaba, porque me daba miedo que dijeras estabas encerrado por tu propia voluntad. Me asustaba que tus palabras corroboraran lo que yo pensaba y que el hecho de saber con certeza, de conocer la verdad, pudiera hacerme daño. Por eso no hablaba sobre ese tema y reía.
De todas maneras seguramente no lo hubieras contado.
Y también por eso, una vez me echaste, nunca más volví para ver si seguías allí.
No creo que conocer esa verdad me hubiera hecho menos daño que constatar que ya habías abandonado la torre; y no había sido por mí.

Foto: Torre de la Sal, Manilva, Málaga.
Texto: Nekane Zuria; Torres, princesas y trenzas.

jueves, 7 de noviembre de 2013

recuerdos de un patio...

patio de los naranjos

Mi infancia son recuerdos de un patio de Sevilla,
y un huerto claro donde madura el limonero;
mi juventud, veinte años en tierras de Castilla;
mi historia, algunos casos que recordar no quiero.

Ni un seductor Mañara, ni un Bradomín he sido
ya conocéis mi torpe aliño indumentario,
más recibí la flecha que me asignó Cupido,
y amé cuanto ellas puedan tener de hospitalario.

Hay en mis venas gotas de sangre jacobina,
pero mi verso brota de manantial sereno;
y, más que un hombre al uso que sabe su doctrina,
soy, en el buen sentido de la palabra, bueno.

Adoro la hermosura, y en la moderna estética
corté las viejas rosas del huerto de Ronsard;
mas no amo los afeites de la actual cosmética,
ni soy un ave de esas del nuevo gay-trinar.

Desdeño las romanzas de los tenores huecos
y el coro de los grillos que cantan a la luna.
A distinguir me paro las voces de los ecos,
y escucho solamente, entre las voces, una.

¿Soy clásico o romántico? No sé. Dejar quisiera
mi verso, como deja el capitán su espada:
famosa por la mano viril que la blandiera,
no por el docto oficio del forjador preciada.

Converso con el hombre que siempre va conmigo
quien habla solo espera hablar a Dios un día;
mi soliloquio es plática con ese buen amigo
que me enseñó el secreto de la filantropía.

Y al cabo, nada os debo; debéisme cuanto he escrito.
A mi trabajo acudo, con mi dinero pago
el traje que me cubre y la mansión que habito,
el pan que me alimenta y el lecho en donde yago.

Y cuando llegue el día del último viaje,
y esté al partir la nave que nunca ha de tornar,
me encontraréis a bordo ligero de equipaje,
casi desnudo, como los hijos de la mar.


Foto: Patio de los Naranjos -a la sombra de la Alcazaba-; Gobierno Militar de Almería.
Texto: Recuerdos de un patio de Sevilla; don Antonio... claro.

sábado, 2 de noviembre de 2013

el chauffeur

maletero2

Por corto que sea el raíd, dura más de una fecha,
y mientras más días tardan está más satisfecha,
porque Cupido-Chauffeur
le ha clavado su flecha;
por sus rubios mostachos la viuda está deshecha.
Es cosa hecha.

Y es tan grande el respeto que tienen al difunto,
que al nombrarle la viuda llora al punto.
Y dice el buen Raimundo
que su amo era lo mejor del mundo.

Foto: Un "huevo" reciclado cazado en San Pedro de Alcántara en 2012
Texto: Fernando Villalón; el chauffeur