DECLARACIÓN DE INTENCIONES:
Esta es la galería de un aprendiz de fotógrafo, ratón de biblioteca, curioso gato y gramatico pardo que juega a enfrentar -divertido- dos de sus más confesables emociones.

Y yo sonrío, extraño adolescente
de ojos cansados y cabeza cana,
yo, que aún puedo asomarme a la ventana,
y ver la luna que no ve la gente...

(José Ángel Buesa)

jueves, 31 de octubre de 2013

la vieja noria

la vieja noria

Maldecía a los arrendatarios de la Albufera, ladrones insaciables. La gente del Palmar robaba leña en la selva; no ardían en sus hogares otras ramas que las de la Dehesa, pero se contentaba con los matorrales, con los troncos caídos y secos; y aquellos señores invisibles, que sólo se mostraban por medio de la carabina del guarda y los trampantojos de la ley, abatían con la mayor tranquilidad los abuelos del bosque, unos gigantes que le habían visto a él cuando gateaba de pequeño en las barcas y eran ya enormes cuando su padre, el primer Paloma, vivía en una Albufera salvaje, matando a cañazos las serpientes que pululaban en la ribera, bichos más simpáticos que los hombres del presente.

En su tristeza ante el derrumbamiento de lo antiguo, buscaba los rincones más incultos del lago, aquellos adonde no llegaba aún el afán de explotación.

La vista de una noria vieja causábale estremecimientos, y contemplaba con emoción la rueda negra y carcomida, los arcaduces desportillados, secos, llenos de paja, de donde salían las ratas en tropel al notar su proximidad. Eran las ruinas de la muerta Albufera; recuerdos, como él, de un tiempo mejor.

Foto: Noria en ruinas en el paraje natural Entinas-Sabinar, Almería.
Texto: Blasco Ibañez; Cañas y barro.

la antítesis

la antítesis

Dos mastodontes, a cuerpo descubierto, pecho henchido, casi misma altura. El uno cubierto por armadura pedrosa, el otro recubierto de frío acero. Retándose, frente a frente, pujando y resistiendo por ganar la batalla del tiempo. Separados por la humildad de unos simples adoquines que marcan los límites de la meta final o del punto de partida; el camino que empuja a la colisión o que la retiene; la recta que forma el todo, siempre que las partes se ignoren.
Un lugar singular, aunque a mi me inspira soledad y miedo.

Foto: Ronda del Beato Diego Ventaja, Almería.
A la izquierda el Museo de Almería, a la derecha los muros de la Catedral.
Texto: Mercedes Yago; Antítesis.

un rincón de La Virginia

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Me gustan los lugares que apartados de las multitudes o incluso con las multitudes de por medio, han sido capaces de sobrevivir a las excavadoras, al ímpetu del metro cuadrado construible a una barbaridad por ciento.
Me dan paz esos sitios casi como si pudieran reconciliarme con mi propia historia vivencial. Esos espacios inalterados me llevan a atardeceres de charlas vecinales, al aroma de un guiso casi mancomunado, de una fritura acaparadora para al poco mitigarse con la embriaguez de las damasdenoche, del azahar, de la yerbabuena e incluso con la claqué improvisada de una hamaca nocturna desde donde alguien insomne pretendiera conciliar el sueño, aquel sueño.
La foto, es decir, su capacidad para pintar un instante, exquisitas.

Foto: Un rincón de la urbanización La Virginia, Marbella, Málaga
Texto: Fingido Espíritu; cien epístolas para el encuentro.