Dos mastodontes, a cuerpo descubierto, pecho henchido, casi misma altura. El uno cubierto por armadura pedrosa, el otro recubierto de frío acero. Retándose, frente a frente, pujando y resistiendo por ganar la batalla del tiempo. Separados por la humildad de unos simples adoquines que marcan los límites de la meta final o del punto de partida; el camino que empuja a la colisión o que la retiene; la recta que forma el todo, siempre que las partes se ignoren.
Un lugar singular, aunque a mi me inspira soledad y miedo.
Foto: Ronda del Beato Diego Ventaja, Almería.
A la izquierda el Museo de Almería, a la derecha los muros de la Catedral.
Texto: Mercedes Yago; Antítesis.
Dentro de pocos años la pared de la izquierda se nos habrá quedado hecha una antigualla, con sus diez ventanas présbitas y sus puertas sin nada que decir.
ResponderEliminarEl tiempo es mío. Puedo albergar todas los grafitti de la Historia.
Mairena, no se duema en ese duro banco del inicio. Reme, no se haga el remolón.