… el 24 de junio, los barcos doblaron una curva del río y se enfrascaron en una batalla que más tarde se hizo famosa en todo el mundo: la lucha de Orellana contra las mujeres amazonas. "Nosotros mismos las vimos luchando delante de los hombres indios y ellas luchaban con tanto valor que los indios no se atrevían a huir. Estas mujeres son muy blancas y altas y tienen el cabello muy largo, trenzado y enrollado sobre la cabeza, y son muy robustas y van desnudas pero con las partes íntimas cubiertas."
"Estas mujeres de costumbres masculinas viven en los grandes bosques y en altas montañas, y de entre éstas en las que sobresalen por encima de las demás y son, por consiguiente, más batidas por el viento a causa de su orgullo, y con más violencia, de suerte que acrecen de vegetación y son llamadas Yacamiaba.
Las amazonas son mujeres de gran valor y siempre se han guardado del intercambio normal con los hombres; e incluso cuando éstos, y en virtud de acuerdo, se llegan cada año a su tierra, los reciben con las armas en la mano, tales como arcos y flechas, que las blanden durante algún tiempo, hasta que se dan por satisfechas de que los indios vienen con buenas y pacíficas intenciones. Entonces ellas dejan las armas y van a las canoas de sus visitantes, donde ellas eligen cada una la hamaca más a mano (siendo estas las camas donde duermen); luego las cogen y las llevan a sus casas y, colgándolas en un lugar donde sus propietarios se unirán a ellas, reciben a los indios como huéspedes durante unos cuantos días.
Tras esto, los indios regresan a su tierra propia, repitiéndose estas visitas todos los años en la misma estación. Las hijas que nacen de estas uniones son conservadas, y son las mismas amazonas quienes las crían ya que han de ser herederas de s valentía y de las costumbres de la nación; pero que lo mismo ocurra respecto de los hijos no es cosa que se pueda asegurar.
Un indio, que había ido con su padre a esa región cuando era aún joven, manifestó que los hijos se entregaban a sus padres cuando regresaban al año siguiente. Pero otros, y esta versión parece más probable, pues más corriente, dicen que cuando las amazonas ven que el nacido es niño lo matan. El tiempo descubrirá la verdad, y si estas son las amazonas tan cantadas por los historiadores existirán tesoros encerrados en su territorio, riquezas que enriquecerán a todo el mundo."
Foto: Monumento a Francisco de Orellana, en su Trujillo natal.
Texto: Cristóbal de Acuña, religioso, historiador, cronista del descubrimiento.