En la oscuridad del cuarto puedo dejar que mi imaginación me lleve hasta tí, donde quiera que hoy duermas; para colarme, furtiva, debajo de tus sábanas a tocar tu piel con mi aliento. Provocar, excitar, tentar, devorar, paladear, envolverme en ti y recuperar todos los verbos que abarcan un instante de éxtasis... hasta que los cristales de la ventana exhalen nuestro vaho al exterior.
Dice la memoria, ruin, que no ha sucedido. Y yo me pregunto, cuando el amanecer golpea gris contra los cristales de la ventana, si alguna vez existirás, Ulises, y bastará una llamada para que el sueño deje de ser sueño y te conviertas en un cuerpo real, en cualquier habitación, en cualquier tarde-noche, de cualquier espacio o ciudad.
Texto: María A Lei / Cuentos del molino de papel, en ausencia de Ulises.
Foto: Cuenca -tan parecida- de noche.