DECLARACIÓN DE INTENCIONES:
Esta es la galería de un aprendiz de fotógrafo, ratón de biblioteca, curioso gato y gramatico pardo que juega a enfrentar -divertido- dos de sus más confesables emociones.

Y yo sonrío, extraño adolescente
de ojos cansados y cabeza cana,
yo, que aún puedo asomarme a la ventana,
y ver la luna que no ve la gente...

(José Ángel Buesa)

lunes, 6 de mayo de 2013

Piratas, corsarios y bucaneros (2)

el capitán Wisiedo

Nosotros:
Somos asesinos, crueles y sanguinarios. Somos los piratas del Pacífico, los que disputamos el mar a España, los que asaltamos sus galeones cargados de oro. Los que atacamos puertos, capturamos hermosas doncellas y las llevamos a nuestros refugios. Los que en esas islas solitarias destapábamos los barriles de ron y bebíamos hasta caer borrachos en una vorágine de alcohol y mujeres.
Y ese mismo vértigo sentíamos cuando el serviola gritaba desde la cofa que había velas a la vista…
Aquí, en el fondo del mar, están Drake, Morgan, Watling y Grogniet, envueltos en una mortaja de agua y arena blanca. Muy cerca de ellos se balancean los restos carcomidos de numerosos galeones que nosotros mismos hundimos. Algunos de ellos conservan sus tesoros, ahí, al alcance de nuestras manos.
Nosotros, los sanguinarios piratas, éramos hombres llenos de coraje y desprecio por la vida. Maniobrábamos los cabos con una sola mano… en la otra, ¡una botella de ron!


Texto: Manifiesto del libro “Piratas en el Pacífico”, de Carlos Valenzuela.
Foto: Composición para un fondo de pantalla del Capitán Wisiedo.

sábado, 4 de mayo de 2013

Piratas, corsarios y bucaneros.

piratas

Usted se equivoca, mi querido capitán. Estoy harta de sus milongas, cansada de sus monsergas siempre iguales, que he escuchado en Córdoba, donde me crié; en París, donde me eduqué, y en Panamá, donde me enriquecí. Cuando oí hablar de sus hazañas en el mar, pensé que era usted el único ser real en esa tierra de vacilaciones. Sé que el día menos pensado vendría por mí, ciego de deseo y me tomaría por la fuerza como solo sabe hacerlo un salvaje bucanero. Le diré que aguardaba con impaciencia y ansiedad la llegada de alguien verdaderamente brutal, bárbaro y desinteresado, pero una vez más me equivoqué. Y a decir verdad que ese pensamiento me consolaba cada vez que estaba junto al idiota de mi marido, al que desprecio profundamente. Quería fuerza, pero no esa fuerza vulgar que ahora se usa, quería la fuerza bruta, irracional y amorosa, no por mi alma o mi belleza, sino por mi pasión desatada. Quería sentir la voluptuosidad, después de tanta mojigatería y ahora –después de tantos saqueos y abordajes- resulta que me encuentro con el célebre capitán que no es más que un vulgar mercachifle, un romántico trovador que quiere casarse conmigo para protegerme de los peligros de la vida panameña.

Texto: Álvaro Armero.- La amante panameña (La larga marcha del capitán Morgan)
Foto: Puerto deportivo de Almerimar; un día de viento.

martes, 30 de abril de 2013

Esta noche...

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En la oscuridad del cuarto puedo dejar que mi imaginación me lleve hasta tí, donde quiera que hoy duermas; para colarme, furtiva, debajo de tus sábanas a tocar tu piel con mi aliento. Provocar, excitar, tentar, devorar, paladear, envolverme en ti y recuperar todos los verbos que abarcan un instante de éxtasis... hasta que los cristales de la ventana exhalen nuestro vaho al exterior.

Dice la memoria, ruin, que no ha sucedido. Y yo me pregunto, cuando el amanecer golpea gris contra los cristales de la ventana, si alguna vez existirás, Ulises, y bastará una llamada para que el sueño deje de ser sueño y te conviertas en un cuerpo real, en cualquier habitación, en cualquier tarde-noche, de cualquier espacio o ciudad.

Texto: María A Lei / Cuentos del molino de papel, en ausencia de Ulises.
Foto: Cuenca -tan parecida- de noche.

Plaza de piedra de Ronda...

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... la de los toreros machos:
pide tu balconería
una Carmen cada palco;
un Romero cada toro,
un Maestrante a caballo
y dos bandidos que pidan
la llave con sus retacos.

Plaza de piedra de Ronda,
la de los toreros machos.

Texto: Fernándo Villalón, Romances del 800
Foto: Plaza de toros de Ronda, estatua de Cayetano Ordoñez "el niño de La Palma", frente a la puerta del patio de caballos.

Enredao en su reja

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Ya suena la Saeta. El mozo postinero
en sus talones se alza... Ya se quitó el sombrero.
Con la mano en acción se dirige hacia Cristo.
¡En ninguna nación ni en ningún pueblo han visto
cara a cara a un muchacho hablarle así a su Dios...!

Le pide que le salve en la guerra del moro,
que no le olvide mientras la novia que aquí deja,
que al despedirse de ella se ha dejado enredado
los cachos de su alma al hierro de su reja...

Texto: Fernando Villalón, la saeta
Foto: Palacio Ducal, Ronda, Málaga

Carcelera, toma la llave...

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que salga el preso a la calle.

Que vean sus ojos los campos
y tras los campos, los mares,
el sol, la luna y el aire.

Que vean a su dulce amiga,
delgada y descolorida
sin voz, de tanto llamarle.

Que salga el preso a la calle.

Texto: Rafael Alberti / el alba del alhelí, prisionero
Foto: Museo de la Tortura, Ronda, Málaga

Si mi voz muriera en tierra

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... llevadla al nivel del mar
y dejadla en la ribera.

Llevadla al nivel del mar
y nombradla capitana
de un blanco bajel de guerra.

¡Oh mi voz condecorada
con la insignia marinera:
sobre el corazón un ancla
y sobre el ancla una estrella
y sobre la estrella el viento
y sobre el viento la vela!



Seriamente, en tus ojos era la mar dos niños que me espiaban,
temerosos de lazos y palabras duras.
Dos niños de la noche, terribles, expulsados del cielo,
cuya infancia era un robo de barcos y un crimen de soles y de lunas.
Duérmete. Ciérralos.

Vi que el mar verdadero era un muchacho que saltaba desnudo,
invitándome a un plato de estrellas y a un reposo de algas.
¡Sí, sí! Ya mi vida iba a ser, ya lo era, litoral desprendido.
Pero tú, despertando, me hundiste en tus ojos.

Texto: Rafael Alberti / Si mi voz muriera en tierra * el ángel de la arena
Foto: Playa de Zahara de los Atunes, Cádiz.